El mejor y más laureado deportista
olímpico español, se nos va. Dicho así suena trágico pero es que nuestro David
Cal ha decidido, como tantos otros jóvenes en este nuestro país, hacer las
maletas y emigrar. Su motivo, como el de casi todos, mejorar. O lo que es lo
mismo, tiene la oportunidad de preparar los próximos Juegos Olímpicos de Río de
Janeiro entrenando en la pista donde tendrá que competir por seguir agrandando
su leyenda. Y eso, evidentemente, es una gran ventaja.
Hay otros motivos detrás de su
decisión, económicos, claro, pero el bueno de David no ha querido entrar en
valoraciones más profundas alegando que hay que ser responsable con la
situación del país.
Así pues, allá se va con todas sus (y
nuestras) ilusiones intactas. Y a mí, fiel seguidora de los deportistas en
general y de los gallegos en particular – permítaseme sacar pecho- se ocurre
una pregunta a estas alturas. Si todos en estos años entrenando en Pontevedra
se ha traído a casa cinco medallas, ¿de qué no será capaz conociendo la pista
de competición cuatro años antes? Habrá que esperar para saberlo pero si la
diosa Fortuna le acompaña, estoy convencida que habrá merecido la pena.
Por otra parte, David se va con una
gran noticia debajo del brazo. Y sin que sirva de precedente aplaudiré en este
caso a la Xunta de Galicia que ha decidido proponerle como candidato al premio
Príncipe de Asturias del Deporte. La competencia será dura porque en estos años
de grandeza deportiva, son muchos los candidatos que se lo merecen pero creo
que apoyar la candidatura de David es una forma de apoyar a uno de esos
deportes minoritarios que, sin embargo, siempre nos da alegrías. Desde aquí
firmo mi apoyo y os pediré, abusando de la confianza, que le apoyéis también
porque como bien dice el refrán, es de bien nacidos ser agradecidos.
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